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Amistoso?
Lo dejaremos entre interrogantes. Lo cierto es que el encuentro de ayer entre el Villarreal y el Castellón,
el primero con victoria del conjunto amarillo ante su afición y también el primero
del II Torneo de la Cerámica, tuvo la intensidad,que no el juego,propia de la competición
oficial.
Una larga lista de tarjetas,expulsiones,jugadas polémicas, tensión en el campo y en la grada...Lo que se dice un derbi provincial en toda regla. Ni el Villarreal evidenció todavía el fenomenal cartel con el que afronta la próxima temporada en la Liga de las Estrellas ni el Castellón dio la sensación de ser un equipo que ha navegado sin pena ni gloria durante las últimas siete temporadas en Segunda
B. Al contrario. El pequeño se le subió a las barbas al grande durante muchos minutos a base de un juego ordenado,r
ápido y preciso en los últimos metros... pero que no tuvo reflejo en el marcador. Y eso a
pesar del fulminante inicio de los albinegros, con el gol de Ramón Debón a los dos
minutos. Uno después, David Ruiz al larguero y, antes del 10, Unanua salvaba dos remates de Soriano y
Salillas. Tanta ocasión fallada permitió la reacción del Villarreal,
que empataba por mediación de Palermo, en posición dudosa. A partir de
entonces, todo se le torció al Submarino. La mala suerte se cebó con los centrales
amarillos. Primero se lastimó Unai. Después, Berruet vio la segunda amarilla Salillas le robó la cartera cerca del área y dejó al Villarreal con
diez. Y el colmo, en la segunda parte,con la lesión de Ballesteros. Aun así,
los de Víctor Muñoz no acusaron la inferioridad y solventaron la papeleta tras el
descanso, aunque no sin sobresaltos. El Castellón tuvo la gran ocasión de adelantarse en un penalti errado por el nuevo ídolo de la parroquia
albinegra. Unanua adivinó las intenciones de Salillas. Quien no falló fue Víctor, que desde los 11 metros sí acertó a poner al Villarreal por delante. Era el 2-1 definitivo de un partido con intensidad pero muy poco fútbol.
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