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LA CRÓNICA DEL PARTIDO
Sergio Alcarria. Parece que estas
van a ser unas felices navidades para la “gran familia albinegra”, cosa
que ya tocaba tras una década, que se dice pronto, de llenar a palazos
carretillas de carbón. Con once puntos de ventaja sobre el quinto
clasificado y el buen regusto que nos ha dejado el equipo tras la
excelente segunda mitad que ofreció ayer tarde en Castalia, podemos
pedirle ya al Nuevo Año sin ningún tipo de remordimiento el tan deseado
ascenso.
El partido de ayer también nos puede dejar una cuestión referente a la
superioridad numérica con la que nos estamos acostumbrando a convivir.
El rival albinegro se volvió a quedar en cuadro a las primeras de cambio
y esto pesó sobremanera en el filial periquito, que se replegó atrás
víctima del empuje constante castellonense durante toda la segunda
mitad. ¿Estará el equipo acomodándose a jugar con superioridad de
efectivos?, ¿seguirán algunos jugadores contrarios, sobretodo en la
liguilla, dando unas muestras de candidez absoluta?... sinceramente creo
que no, pero más vale que ahora nos aprieten un poco arbitrajes y
contrarios, no sea cosa que al final nos quedemos todos mirándonos las
caras.
De la primera mitad del encuentro sólo cabe rescatar tres instantes, la
expulsión del espanyolista Cebri a la media hora de juego tras dos
tarjetas de benjamín, el balón que Juan Carlos Quero envió al travesaño
y un más que posible penalti a Salillas con el tiempo prácticamente
cumplido. Los albinegros se guardaron los regalos para la segunda parte.
Los de José Luis Oltra salieron del vestuario como lo suelen hacer en
las últimas segundas partes de Castalia, convencidos de su superioridad.
Delante tenían a un Espanyol B que distaba bastante al de otras
temporadas. Con las incorporaciones de Abel, Chito y Vicente Roberto se
ganó en efectivos arriba, pero también en control, visión y efectividad,
algo que no siempre suele ir ligado cuando se tiende a acumular
delanteros con el simple pretexto de cuanto más mejor. Abel volvió a
coger la batuta y Chito sorprendió tanto a público como a retaguardia
perica, desbordó por la izquierda las pocas veces que se jugó por allí.
Vicente Roberto se reservaba en un bolsillo un magnífico control con el
pecho para dejar en bandeja el gol del triunfo a Juanjo, desvivido en
ataque durante todo el encuentro. El Castellón jugó, entró, culminó y se
exhibió por las bandas, sobre todo la diestra, y es que en el fútbol
pocas cosas quedan por inventar, y menos en Segunda B. Con un juego
rápido y de toque quedó demostrado ayer que estos futbolistas nos pueden
alegrar el año.
Mención a parte merecen centrales y portero, el entrenador arriesgó y le
salió bien al jugar el último tercio con tres defensas, pero es que con
Mora y Miguel se puede hacer cualquier cosa. Ayer dieron una auténtica
lección de corte, cruce y confección, sumándose a cada saque de esquina
como un peligro constante. Un equipo se calza desde abajo y el Castellón
ahí si que está sobrado. A este par se le ha sumado un Oliva que las ve
cada hora y media, pero las ve muy de cerca y no necesita gafas, porque
volvió a sacar una de esas que hacen que lleve cuatro encajados en
dieciséis encuentros.
Por cierto, algunos detalles dejan patentes cosillas sin importancia
para algunos, pero que podrían dejar de tenerla en el seno del vestuario
albinegro. Ayer, cuando los jugadores del Castellón saludaron al público
desde el centro del campo hubo uno que no quiso saber nada. El motivo,
se supone, que durante una segunda parte donde el Castellón deleitó en
ataque, él en particular vino a destacar bien poco, ya que parecía hacer
la guerra por su cuenta. Aquí no viene la gente a aplaudir carreras
personales, que si son excelentes pues mejor para todos, aquí se suele
venir a animar al Castellón.
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