|
LA CRÓNICA DEL PARTIDO
Sergio Alcarria. El Castellón consumió ayer domingo una etapa más en su
largo peregrinaje hacía la liguilla de ascenso, una de esas jornadas
denominadas “pestosas” en el siempre agradecido argot ciclista que
resolvió aplicando la peligrosa ley del mínimo esfuerzo.
Pese a que el habitual once inicial presentaba las novedades de Higuera,
que ocupaba el lateral izquierdo en lugar del sancionado Palacios, y
Vicente Roberto, que acompañaba en ataque a Quero debido a la
interminable lesión de Marcos y a una “repentina” gastroenteritis de
Salillas, el conjunto albinegro no pareció acusar estas bajas debido en
gran parte a la enorme voluntad que los dos jugadores pusieron sobre el
rectángulo de juego.
Durante la primera mitad del partido el Castellón parecía dispuesto a
dejar hacer a un Reus que intentaba darle cierto sentido al juego,
utilizaba las bandas y no repartía pelotazos, algo digno de admirar
dentro de esta categoría en la que habitamos. La mano de Gonzalvo se
dejaba notar, aunque todo esto no sirviera para más gloria que la de
alcanzar un puñado de corners. Aun así el Castellón pudo haber
desnivelado la balanza a su favor en un par de ocasiones que envió al
limbo Quero. El partido, más que tener ritmo, demasiado halago, no
estaba muerto, no era otro Burgos-Castellón pero tampoco daba para mucho
más.
Todo quedó resuelto en los nueve primeros minutos de la reanudación. Los
albinegros no habían gozado aun de ningún saque de esquina pero serían
los primeros en sacar provecho de uno. Dicen que un corner mal sacado se
convierte en peligroso contragolpe seguro, pues Juan Carlos Quero se
encargó de dar fe de ello. Tras un disparo desde la frontal del área que
obligó a Oliva a estirarse, los rojinegros sacaron de esquina, pero el
balón fue a parar a los pies de un Quero que recorrió todo el campo
hasta plantarse sólo delante de Vega, esperó a que este le marcara su
caída y logró batirlo sin muchos problemas. El Castellón se encontró con
ventaja en el marcador y, sin apenas tiempo para tomar conciencia vio
como su rival se quedaba en cuadro tras dos expulsiones consecutivas por
sendas entradas por detrás a Juanjo y Javi Sanchis, en un partido en el
que el juego subterráneo brilló por su ausencia.
Con un cero a uno y dos hombres más el partido quedó sentenciado, los
albinegros se conformaron con esta exigua renta para desesperación de
más de uno pegando capotazos al viento y, cuando más de uno enfilaba las
puertas de salida, escuchó el primer aviso en forma de parábola que
Xavier Oliva se encargó de enviar a corner en lo que fue la parada de la
tarde. Ya no habría más, ahora sólo cabe esperar la
recuperación/contratación de un referente en ataque que sentencie cuando
de esto se trate.
|